martes, 5 de mayo de 2009

Leoneses y Castellanos, Diario de León, 1935

Reproducimos, a continuación, un artículo de opinión publicado en el año 1935 en el Diario de León y que nos ha llegado vía correo electrónico:


Entre las viejas ciudades leonesas no figura para nada Valladolid. Tampoco podría figurar entre
las castellanas, porque no existió hasta muy avanzada ya la reconquista, después de que León había florecido como imperio.

Las hazañas de heroismo leonés y Salamanca, libertadas del yugo mulsulmán, reedificadas y pobladas debidamente por los reyes de León, desplegaban todo el valor de sus hijos, adquiriendo tierras y ensanchando la fama y las glorias del antiguo reino.

Zamora había demostrado, además, que dentro de sus murallas, ardía el fuego sagrado de la nobleza y fidelidad más acrisoladas. La palabra dada al Emperador moribundo no podía quebrar, ni ante el arrojo del Cid, ni todas las amenazas de don Sancho, el perjuro rey castellano que, tras de pisotear los derechos de sus hermanos, García y Alfonso, se obcecaba en hollar también el de su débil hermana doña Urraca.

La infanta leonesa, dada a los zamoranos por señora, fió a Dios y a la lealtad de sus vasallos, negándose a rendir el cerco. Arias González, el noble leonés, su valedor y consejero, por disposición del mismo Emperador, sabría vengar tan inaudito atropello. Como Beculia, Zamora truinfó; y si la humana locura vale, el honor de aquel puñado de héroes, cerrados los muros de la invicta ciudad, quedó bien purificado con la sangre de algunos hijos del conde Arias, por no haber sido aceptada la suya propia.

El espírito castellano, muy afrancesado ya a la sazón, cantó injurias y calumnias al caballero Bellido e ignoramos si los leoneses aplaudieron la forma de muerte del rey pirata; pero sabemos todos que Judit superó al zamorano en la manera de libertar a su pueblo; y ésta ha sido aplaudida, muy aplaudida en la Historia de todos los siglos.

Fue entonces cuando Alfonso VI, regresando de su destierro de Toledo acompañado de su fidelísimo conde Ansúrez, ordenó a este noble leonés la fundación de la ciudad de Valladolid que más tarde había de recibir de León precisamente el brillo y esplendores reales. Ella, la nueva ciudad, había de ser valuarte más que contra los sarracenos, contra la conducta díscola e innoble de los nobles castellanos, particularmente del famoso Cid. Para esto había sido edificada sobre aquella frontera del reino de León.

Por su origen y vida es Valladolid la ciudad más anticampeadora que cabe imaginar a pesar de tener entre sus escritores algún cantor insigne de los tan traidos y llevados gestos del Cid, siquiera en historia anduviera manga por hombro. Los merodeos cidescos por aquella parte de las tierras leonesas fueron detenidos por el conde leonés y el patriarca vallisoletano, Pedro Ansúrez. Como, en efecto, Valladolid no fue nunca Castilla, si después de todo, se la quiere llamar catellana, no creemos que pueda serlo por antonomasia; sino más bien por ignorancia.

Clemente Vilorio, Diario de León, 1935

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